Fueron ambas el preludio del primer tanto, originado tras una galopada de Portu por la derecha, que le ganó la disputa a Ximo Navarro, y su gran centro lo cabeceó Stuani de forma impecable a la red, adelantándose a Gálvez.

No duró mucho la alegría rojiblanca, porque tras un saque de esquina regalado en el minuto 13, Pere Pons sujetó de la camiseta a Calleri cuando remataba de cabeza fuera, y el claro penalti lo ejecutó el propio ariete argentino por el centro de la portería engañando a Bono.

Pese el empate, siguió llegando con más peligro el conjunto catalán, como en el minuto 18, con un pase de Stuani a Portu y taconazo de éste para Lozano, pero Chichizola abortó el disparo del catracho.

La candidez de la defensa de Las Palmas quedó patente en una acción en el minuto 23, en una acción embarullada que finalmente el grancanario Juanpe envió fuera, muy cerca del poste, con un disparo raso casi sin ángulo.

La Unión Deportiva con disparos lejanos y tibios apenas puso en apuros a Bono, curiosamente el mismo guardameta al que batió dos veces en 2015, cuando el marroquí defendía la portería del Zaragoza, para lograr el ascenso a Primera, categoría de la que hoy se despedían los isleños.

Antes del descanso, otro mayúsculo error defensivo protagonizado por Ximo Navarro al tratar de controlar el balón en su área, algo prohibido en el fútbol profesional, permitió a Stuani, tras un gran reverso y de disparo cruzado con la pierna derecha firmar el 1-2.

Nada más iniciarse la segunda parte, Bono evitó el empate al desviar un tiro envenenado de Halilovic, pero fue esa, en el minuto 48, la única vez que Las Palmas estuvo cerca del gol.

Cuando los amarillos pasaron a jugar con defensa de tres, con media hora aún de juego por delante, volvieron a desnudarse atrás como en partidos precedentes, pero el Girona no supo aprovecharse de ello para aumentar la renta, pero su mínima ventaja le fue más que suficiente para cerrar el curso con una nueva alegría.Nora, Leo, Elsa, esto es para vosotros. Para que mañana entendáis eso que ven vuestros ojos, por si acaso, por si hoy aún sois demasiado pequeños para guardarlo. Toda esa emoción que llena el aire y encoge un estadio a la vez.


Este momento, el tifo de cartulinas blancas, rojas y azules, con ese 9 al aire y una leyenda que suena infinita, de Niño a leyenda se lee, y una sonrisa llena la cara de ese hombre al que todos envuelven en un grito. El Lololololo. Muchos no pueden evitar llorar mientras lo hacen. Llorar callado, llorar de nostalgia porque algo se va y se termina, porque esta vez no habrá vuelta, porque lo hoy sí será definitivo.

Hoy es 20 de mayo, tarde nubosa en Madrid. El árbitro pita, el balón rueda, el hombre todo pecas está ahí, delante, sobre la hierba, la C de capitán al brazo, como tantas otras veces, hoy se la cede Gabi también titular. El hombre mira el balón pero a menudo los ojos se le escapan. A la grada, a la cubierta, al Fondo Sur, como si hiciera fotos, como si guardara todo. Este Atleti-Eibar no sólo es el último de la temporada, también es su último con esta camiseta, la rojiblanca. Y como le duele, y cuánto le cuesta. Hace mucho que eligió al Atleti no como equipo sino como forma de vida.

Lolololo. Eso se escucha ahora. Lolololo. Fernaaaando Torres, lolololo. Altísimo.

El Lololololo llena el aire. Ninguno de los dos equipos se jugaba nada sobre la hierba, pero cuando un balón rueda todos quieren ganar. El Eibar, que hizo pasillo al Atleti campeón, viajó a Madrid con la ambición de dejar su nombre en el adiós de Torres. Tardó más en entrar en el juego, mientras Simeone, nada más comenzar, ya pedía premura a los recogepelotas: nada sabe de trámites. La despedida de Torres también estaba en el césped. Todos los balones le buscaban. Si el Eibar se acercaba al área de Oblak pero sin remates claros, las ocasiones del Atleti llevaban el apellido de Torres, ayer pareja con Correa. Dos ocasiones tuvo antes de que el Eibar, en efecto, se colara su despedida. Una la cruzó demasiado y otra se fue ajustada al palo, por poco. Entonces, en una contra, Kike García batió a Oblak tras recibir un pase en el interior de área de Jordán. Torres lo igualaría antes del descanso, cómo no. Gabi lanzó una contra, Correa centró y El Niño le puso el final el primero de sus goles.

Suena el Lolololo y no se para, no se detiene. Muchos de los que lo cantan romperían el reloj. Hoy lo pararían. Aquí y ahora. Con ese hombre vestido de rojiblanca ahí, 9 a la espalda, sobre el césped, de rodillas frente al banderín, bajo esa piña de jugadores que se abrazan a los pies del Fondo Norte. Hoy todavía está, mañana ya no. Ya no lo hará. Estar, seguir. Y cómo emociona en esta tarde seguir aplaudiendo sus goles. Nadie le quiere decir adiós. camiseta del atletico madrid Nadie puede. Nadie imagino que un día tendría que hacerlo, que ese hombre se iba a terminar. Hoy podría ser todavía 2001, Calderón y no Metropolitano.camiseta del real madrid  Ese crío delgaducho, todo piernas y pecas que es de los últimos en irse al túnel. Le quedan 45 minutos, sólo.Hay partidos cuya trascendencia va más allá del resultado y el que midió al Leganés y al Betis en Butarque para cerrar la temporada (3-2) será uno de ellos, al menos cuando en el futuro se repase la historia del conjunto local.

Porque en Butarque se vivió un choque liguero pero al mismo tiempo el reconocimiento a dos figuras, Asier Garitano y Martín Mantovani, sin las cuales no podría entenderse el 'milagro' que ha supuesto para el club madrileño escalar casi de forma continua de Segunda B a Primera.

El técnico y el capitán, tan carismáticos como efectivos ambos en sus respectivas facetas, decían adiós a la que ha sido su casa durante las últimas cinco temporadas. Enfrente un Betis donde también quería dejar su propio legado el delantero Rubén Castro, quien solo necesitaba un gol para igualar a Hipólito Rincón como el futbolista bético con más tantos en la máxima categoría del fútbol español.Por si no fuera suficiente también pedía su parte de protagonismo el portero blanquiazul Jon Ander Serantes al retornar a la portería después de un calvario de lesiones que le había tenido alejado de los terrenos de juego quinientos treinta y nueve días. Era, pues, un duelo de nombres.

Eso, sin embargo, no lo hizo menos competido. Entre otras cosas porque los visitantes querían seguir aspirando al quinto puesto y el anfitrión marcharse con buen sabor de boca. Así hubo ritmo e intensidad desde el principio.

Escaseaban pese a ello las ocasiones y en una de las primeras encontró premio el Betis a la contra cuando Rubén Castro envió un pase al hueco hacia Campbell. Arrancó este en campo propio anulando el fuera de juego y, tras plantarse ante Serantes, definió por bajo.