
El error que Nunca cesa 
Hoy, de nuevo me encuentro solo, en este invierno tan frío. Estoy en el sillón frente a la chimenea, el sillón donde algún día fui sólo tuyo. Comienzo a escribir versos que pensé nunca saldrían de mí.
Pensé que nunca volvería a tomar entre mis manos un papel y una pluma entintada.
Pensé que lo único que escribiría sería mi firma y también pensé que mi imaginación no sería suficiente para escribirte a ti.
De repente, estoy llorando. Quisiera no hacerlo, pero no puedo evitarlo. Lágrimas cálidas, pero a la vez tan solitarias y amargas... Discúlpame si consigues alguna huella de mi lúgubre tristeza en esta carta. No quise dejarlas a propósito.
Te prometí, una hermosa tarde de verano, que nunca olvidaría tu sonrisa, adoraba ese gesto tuyo. Tu sonrisa se que nunca mas volverá a mi lado, la extrañaré.
También sé que tus caricias, nunca más acompañaran en mis malos ratos, se que no estarán allí cuando más lo necesite.
El tiempo que te tuve, fue poco para admirar tus ojos, esos hermosos ojos que me embrujaban. El tiempo que te tuve fue poco para aprenderme el sabor de tus labios y el roce de tus finos dedos.
Siempre fuiste mi más bella ilusión, un hermoso sueño de amor, que sin saber por qué, se quedó como ilusión. Yo quería algo real. Cada vez que te veía, era como mirar el sol viviendo en la oscuridad. Como muchas personas dicen, “La luz al final del camino”.
De nuevo hoy estoy pensado en ti, y ese es el motivo por el cual estoy escribiendo esta carta.
Súbitamente cierro mis ojos y comienzo a soñar que me besas y de tus hermosos labios salen estas palabras “No podré vivir sin ti, no me dejes nunca”, pero me despierto y me doy cuenta de que no es cierto… No sé en que momento comencé a soñar, tampoco sé en que momento comencé a extrañar tu silencio y aquellos golpes que me hacía reaccionar.
Siempre he sido terco, pero ahora no entiendo porque mi corazón es tan necio y no acepta que jamás me volverás a amar.
No entiendo la razón de tan fuerte amor, que en realidad solo me causa dolor.
Me entregué aún cuando supe que no sería correspondido.
¿Por qué lo hice? ¿Qué buscaba con eso? ¿Por qué demonios lo hice?
Pero luego me respondo a mí mismo: “En el corazón no se manda, y aunque quiero gobernar sobre el mío no puedo, soy un ser humano, y so me hace sentirme hace entregarme y me hace enamorarme perdidamente, aún sabiendo que no soy, ni seré correspondido.”
Ahora sólo pido una cosa, quisiera que escucharas, mi corazón está llorando, y yo estoy cantando una triste sonata, me siento perdido y siento que ya no vale la pena nada porque todo en mi vida ha terminado, hoy todo en mi vida ha terminado. Me gustaría que tocaras mi pecho, por que ha dejado de latir y de sentir. Ojala supieras que ahora no se como diablos puedo respirar, porque no puedo vivir sin ti... Mi gran amor frustrado. Porque eso es lo que eres.
De nuevo me invade la duda, y me pregunto una y mil veces ¿En que fallé? ¿Que me faltó por darte? Y de nuevo yo mismo me doy respuesta… ¿Qué acaso no puedo ya ni siquiera mirarte?
Seguramente ahora estas con él… Con ese Aoi… Lo único que puedo desear es que seas feliz, porque después de haberte amado tanto no puedo desearte mal. No dudo que algún día Aoi te llevará al altar. Sí ese maldito que arruinó mi soñar.
Aquél tipo que me arrebató mi felicidad.
Reita, las última palabras de esta carta, las escribo para ti y quiero que la leas antes de que a mi funeral tengas que asistir…
Firma: Takanori “Quien nunca dejó de amarte”

PD: Se feliz, sólo eso pido… Y coloca una rosa blanca sobre mi lápida, sabes que me gustan.”