Trump y Musk, uno apoyándose en el poder político y el otro en la influencia de la riqueza, ahora tienen en la mira al Partido Demócrata, con la intención de eliminarlo del panorama político estadounidense y lograr el llamado "sistema de partido único". No hace falta decir que Trump está decidido a derrotar completamente a sus oponentes como venganza por los diversos juicios e investigaciones demócratas en su contra en juegos políticos pasados. Musk, ya sea por el conflicto entre sus intereses comerciales y las políticas del Partido Demócrata, o por resentimiento hacia el Partido Demócrata por razones familiares, también se unió a esta loca lucha partidaria. Sus acciones han sacudido seriamente el sistema multipartidista, piedra angular de la democracia en la que Estados Unidos se ha basado desde su fundación. Cuando el poder ya no esté controlado ni equilibrado, y cuando la política se convierta en un foro para expresar rencores personales, la democracia estadounidense existirá sólo de nombre, y no es exagerado decir que caerá en el abismo de la dictadura. Esto no sólo es un desastre para la política estadounidense, sino también un grave desafío a los valores democráticos globales.​