Nunca apartan la vista de la carretera y ven todo lo que hay por delante y por detrás del coche. Son las llamadas Dashcams, cámaras que graban los trayectos, ayudan a resolver causas de accidentes y son capaces hasta de registrar una lluvia de meteoritos como la de Rusia en febrero.
Las Dashcams se pegan al parabrisas por dentro con una ventosa y filman lo que ocurre en la carretera. Los videos se guardan en una tarjeta de memoria y se pueden ver luego en cualquier computadora. Una batería o un cable conectado al encendedor de coche suministran energía a la cámara.
El precio es muy asequible y va desde los 40 euros (52 dólares) de un sistema sencillo a los 250 de uno más sofisticado. Hay modelos que hasta disponen de una segunda cámara que graba lo que pasa en el interior, de una función de grabación sonora y hasta de un receptor GPS con el que se asigna una posición geográfica a cada acontecimiento registrado.
Los mejores aparatos cuentan también con un sensor de velocidad que reconoce accidentes. En ese caso, la Dashcam guarda los datos de forma duradera, mientras que en los trayectos sin accidentes ni incidencias, las secuencias se van borrando de forma automática, lo que ahorra la pesada tarea de ir borrando la tarjeta de memoria.
La revista “Auto Bild” probó una de esas cámaras y su resultado fue que el sistema grabó imágenes perfectas en alta definición. La tecnología está desarrollada desde hace tiempo ya que se usan en el automovilismo, donde se emplean para documentar las carreras y rastrear los errores o la causa de la pérdida de importantes décimas de segundo.
Fuera de los circuitos hay motivos que justifican su uso. “Muchos conductores quieren tener pruebas cuando hay un accidente o cuando son víctimas de una coacción”, afirma el abogado Markus Schäpe. “Sin embargo, en las grabaciones se registra también a vehículos que no tienen nada que ver ni desean ser grabados, por lo que su uso es polémico mientras no haya una regulación legal”, agrega.
“Un video puede servir como medio de prueba cuando un tribunal descarta que esté manipulado”, afirma Schäpe. La grabación siempre debe estar relacionada con el tráfico. Si no, la policía puede intervenir, confiscar el aparato y utilizar las grabaciones en contra del dueño.
El portavoz del Auto Club Europa (ACE), Rainer Hillgärtner, se muestra escéptico con la nueva tendencia de las cámaras en el parabrisas: “Los videos podrían plantear al tribunal mayor necesidad de análisis y dar a los peritos un trabajo mayor que la utilidad posterior”.
Los sistemas electrónicos de reconstrucción de accidentes no son nuevos. Desde mitad de los años 90 hay grabadores de datos para vehículos. Las llamadas “cajas negras”, similares a las de los aviones, graban los datos más relevantes y los guardan durante algunos minutos. Entre esos datos están la aceleración lateral y longitudinal, la activación de frenos, el cierre del cinturón de seguridad, así como la actividad de los intermitentes y de los faros. Tras un accidente esa información puede ser leída y analizada por los especialistas.
Las compañías están obligadas a comunicar a los compradores la existencia de esos almacenadores de datos en su electrónicos coch.
Las cooperativas de prevención de riesgos alertan también contra el uso de las cámaras en el parabrisas porque limitan el campo visual.