La elección entre carpintería de aluminio y carpintería de PVC no se decide solo por estética o coste. Con el paso del tiempo, lo que pesa es la durabilidad real, de qué forma avejentan las superficies, cuánto mantenimiento exigen y qué sorpresas aparecen a los 5, diez o quince años. He instalado y revisado ventanas de aluminio y ventanas de PVC en climas muy distintos, desde costa con salitre hasta interior seco con importantes cambios de temperatura. La experiencia deja cicatrices y aprendizajes: no hay material perfecto, sí combinaciones más prudentes según la residencia, el uso y el ambiente.

Cómo envejecen de verdad: décadas, no temporadas

En catálogos todo luce nuevo. La diferencia la marcan diez inviernos de condensaciones, dos veranos abrasadores, tres mudanzas y una obra del vecino que llenó el aire de polvo alcalino. En aluminio lacado de calidad, con ruptura de puente térmico, he visto perfiles que a los veinte años conservan geometría impecable y herrajes firmes. El lacado en colores oscuros puede perder algo de brillo desde el año 8 a 12, más rápido en fachadas al sur, mas no se descascarilla si la pintura está certificada y el lavado es eventual.

En ventanas de PVC bien formulado y con refuerzo interior, la rigidez se sostiene estable por lo menos 15 a 20 años si la instalación respeta holguras y anclajes. El amarillezco, que hace dos décadas era el espectro del PVC, hoy es raro con compuestos estabilizados. Aun así, en zonas de mucha radiación y alturas grandes, los perfiles blancos pueden mostrar microdeformaciones si se usa vidrio pesado y el refuerzo es escaso. La clave aquí es la ingeniería, no el material a secas.

La conclusión práctica: los dos pueden ofrecer dos décadas de servicio sólido, mas la perseverancia depende de la calidad de perfil, el vidrio, los herrajes y la instalación. Y de algo menos glamuroso, el mantenimiento que realmente se hace, no el que figura en el manual.

La resistencia física del perfil y sus límites

El aluminio es un metal. Eso se aprecia cuando un cierre padece un golpe o un niño decide colgarse de la manilla. Cede poquísimo y ya antes se desfiguran otros elementos. En aperturas grandes, como correderas de 3 hojas o balconeras de más de dos con cuatro metros, la carpintería de aluminio brilla por rigidez. Con rotura de puente térmico y cámaras bien dimensionadas, los pandeos son mínimos, y la linealidad de la junta de cierre se conserva.

El PVC absorbe vibraciones y trabaja con determinada elasticidad. Para ventanas batientes estándar de hasta uno con cuatro metros de altura no hay inconveniente si se ponen refuerzos de acero en los perfiles primordiales. En piezas grandes, sobre todo correderas que cargan más peso, conviene calcular los refuerzos y solicitar herrajes concretos. He reencuadrado ventanas de PVC altas con vidrio triple donde, a los cinco años, la hoja cerraba ajustada abajo y suelta arriba por un refuerzo subdimensionado. No era fallo del material, sí de proyecto.

Donde el aluminio pierde terreno es en conductividad térmica y acústica si no hay rotura. A estas alturas, para obra nueva o reforma seria, descarto perfiles sin ruptura de puente térmico. El PVC parte con ventaja térmica por composición, pero no hay milagros: una carpintería de PVC mediocre con vidrio fácil rinde peor que un buen aluminio con doble o triple acristalamiento y juntas flexibles en buen estado.

Corrosión, salitre y ambientes agresivos

La costa es un laboratorio inexorable. El aluminio anodizado o lacado con tratamiento marítimo resiste bien al salitre si se limpia con agua dulce cada poquitas semanas en primera línea. Donde fallan las ventanas de aluminio no acostumbra a ser en el perfil, sino más bien en tornillería y accesorios: tornillos estándar se sulfatan, guías y rodamientos se agarrotan con cristales de sal. En mis mantenimientos costeros, cambio a tornillería A2 o A4 y aplico lubrificantes secos en carriles de corredera. El perfil, salvo golpes, llega a los veinte años sin corrosión profunda.

El PVC no se oxida, y esa tranquilidad se agradece. Aun así, el salitre se deposita y forma costras que dañan juntas y herrajes igual que en el aluminio. El sol, además de esto, cocina esos depósitos contra el perfil. Un aclarado mensual y una pasada semestral con limpiador neutro evitan juntas recias y manillas duras. En testeras donde el viento pega con arena, el PVC se marca con microabrasiones antes que un aluminio con buen lacado. No es estructural, mas estéticamente se nota a contraluz.

Rayos UV, color y estabilidad visual

En blancos, ambos materiales se defienden bien a largo plazo si la marca es seria. El aluminio puede perder lustre; el PVC puede ganar textura por limpieza abrasiva. En colores oscuros el reto cambia. En aluminio, los lacados oscuros absorben calor. Si el vidrio también es bajo emisivo con control solar, el conjunto trabaja a temperaturas altas. El material lo soporta, si bien los burletes sufren si son de calidad prudente. En PVC foliado o coloreado en masa, el tono aguanta, pero el perfil se calienta y dilata más. La dilatación lineal del PVC es mayor, y eso se administra con juntas, calzos y holguras. Bien ejecutado, no causa inconvenientes, mas en instalación deficiente aparecen crujidos o roces al cerrar en días de cuarenta grados.

En edificios con orientación oeste donde la tarde pega fuerte, suelo preferir perfiles de PVC en tonos claros o aluminio con ruptura y lacado de calidad, y eludo oscuros en huecos muy grandes si el fabricante no garantiza coeficientes de dilatación y herrajes reforzados. No es estética caprichosa, es prevención de ajustes recurrentes.

Mantenimiento real, con calendario en mano

Mantener una ventana no debería convertirse en un hobby. Por eso, resulta conveniente distinguir el mantenimiento deseable del imprescindible. Lo que marcha es una rutina simple en primavera y otra en otoño. Comparto un esquema que uso con clientes, y que vale tanto para ventanas de aluminio como para ventanas de PVC:

    Limpieza suave de perfiles y junquillos con agua templada y jabón neutro, sin estropajos ni disolventes. Secado con paño. Revisión de juntas: que no estén agrietadas ni sueltas. Una película fina de silicona líquida o glicerina mantiene la elasticidad. Lubricación de herrajes y rodamientos con aceite ligero o spray concreto, evitando engrases que atrapen polvo. Aspirado de carriles en correderas, incluida salida de agua, y comprobación de desagües. Ajuste de bisagras y cerraderos si la hoja roza o pierde presión de cierre, usando la llave Allen adecuada.

Esta rutina lleva de veinte a cuarenta minutos por ventana grande, dos veces al año. Con eso, he alargado herrajes más de 15 años sin repuestos.

Reparabilidad y costo de las piezas

Cuando algo falla, la pregunta es si se puede arreglar sin mudar toda la carpintería. En aluminio, cambiar un burlete o un cerradero es fácil si la serie es conocida y el fabricante prosigue activo. La modularidad de muchas series deja substituir manillas, escuadras o rodamientos con repuestos universales. Los lacados dejan repasar pequeños golpes con pintura de retoque, aunque el tono jamás es idéntico a plena luz.

En PVC, la logística depende del sistema. Perfiles de marcas extendidas tienen herrajes compatibles y burletes disponibles. El foliado, si se desconcha por un golpe, es difícil de arreglar de forma invisible. En cambio, la sustitución de una hoja completa mantiene estética y posibilidades. El coste de piezas suele ser afín en los dos materiales, pero la mano de obra para ajustes en PVC puede ser algo mayor en correderas pesadas, por el cuidado con los refuerzos y el foliado.

Un detalle que pasa desapercibido: los tapones de drenaje y los adornos. En aluminio y PVC, el plástico de baja calidad se reseca y parte a los ocho a 12 años. Piezas asequibles que afean una ventana cuidada. Resulta conveniente pedirlos al instalador como repuestos al cierre de la obra y guardarlos.

Eficiencia térmica y condensaciones a largo plazo

La promesa de ahorro energético depende de juntas, vidrio y rotura. El aluminio con ruptura de puente térmico ofrece valores U competitivos, sobre todo en series de setenta mm o más con doble o triple junta. En rehabilitaciones, he visto cómo pasar de 5,7 W/m²K de una corredera antigua a 1,3 - uno con seis con una practicable moderna reduce condensaciones en invierno de forma drástica.

El PVC una parte de valores más bajos en el perfil. En ventanas de PVC de ochenta mm con vidrio doble low-e, es factible estar entre uno con uno y 1,3 W/m²K sin excesos de coste. Mas las condensaciones no solo dependen de la ventana. En residencias herméticas, el vapor interior busca el punto frío. Si se sella perfecto el perímetro y no se ventila, verás agua en el perfil más frío, aun si es PVC. Instalar microventilación en herrajes, o prever rejillas higroregulables, evita sorpresas. He medido sesenta y cinco a 70 por ciento de humedad interior en pisos con secadoras sin extracción, y cualquier carpintería padece con eso.

Sonido, sellos y la batalla del polvo

En estruendos, manda el vidrio y el cierre perimetral. Las practicables, en aluminio o PVC, cierran mejor que las correderas salvo sistemas premium. Si la meta es bajar 30 a 40 dB, busco doble vidrio con butiral acústico y cámara asimétrica. El perfil influye en la estanquidad, y en eso los sistemas con doble o triple junta ganan. En zonas polvorientas, los burletes de calidad marcan la diferencia. En aluminio, el acabado llano del lacado facilita adecentar el polvillo pegado. En PVC con textura, el polvo se disimula menos, pero sale igual con un paño húmedo.

Lo que sí cambia transcurrido el tiempo es la resiliencia de las juntas. Baratas o expuestas al sol directo, se endurecen y pierden apoyo. A los 8 a doce años es conveniente sustituirlas, un trabajo que devuelve silencio y estanquidad a niveles próximos a fábrica.

Seguridad y herrajes: donde el detalle paga

El perfil sin buen herraje es un cuerpo sin articulaciones. En aluminio, el anclaje de bisagras y cerraderos suele ser concluyentes, atornillado a cámara reforzada. En PVC, pide siempre y en toda circunstancia refuerzo metálico donde se atornilla el herraje, sobre todo en hojas pesadas. Un cierre perimetral con bulones tipo champiñón eleva la resistencia al apalancamiento tanto en aluminio como en PVC. Y no olvides el vidrio: un 3+3 con butiral no pesa demasiado más y multiplica la seguridad.

He revisado residencias donde el material era magnífico, mas la instalación apretó con 4 tornillos al ladrillo hueco sin tacos químicos ni cuñas adecuadas. A los un par de años, descuadre y filtraciones. La durabilidad comienza en la obra, con cinta expansiva conveniente, sellados elásticos y calzos que repartan el peso del vidrio. Es el tipo de detalle que no se ve en la fotografía, mas mantiene el rendimiento dos décadas.

Coste total de propiedad, más allá del presupuesto inicial

El presupuesto manda, y es normal. Una ventana de PVC de gama media acostumbra a costar entre 10 y veinticinco por cien menos que su equivalente en aluminio con ruptura, siempre y cuando equiparemos calidades afines. Si saltamos a series de aluminio premium con herraje escondo y estética minimal, la diferencia se abre. Ahora bien, la factura energética y el mantenimiento también cuentan.

Un cálculo sencillo en un piso estándar de tres dormitorios con ocho huecos: mudar a carpintería de PVC con buen doble vidrio puede ahorrar quince a veinticinco por ciento en calefacción frente a carpintería vieja. En aluminio con rotura y el mismo vidrio, el ahorro es afín si los valores U son similares. El gasto en mantenimiento es bajo en los dos materiales si se sigue la rutina semestral. Donde se dispara el costo es cuando se elige una corredera barata por coste y después se procura exigirle estanqueidad de practicable. Las correderas muy buenas existen, pero cuestan. Si tu prioridad es aislamiento y durabilidad con poco mantenimiento, una practicable de dos hojas bien sellada gana siempre en relación calidad precio.

Casos reales que asisten a decidir

Un ático en Valencia, playa a trescientos metros, orientación sur y oeste. Cambiamos correderas antiguas por practicables de aluminio con ruptura y lacado marino, vidrio bajo emisivo con control solar. A los seis años, perfiles impecables, brillo algo menor en la cara oeste, juntas aún flexibles. El mantenimiento trimestral con agua dulce ha sido clave. Los únicos recambios: dos rosetas de manilla expuestas al sol, asequibles y fáciles de cambiar.

Una casa en Burgos, tiempo duro, orientación norte con viento y heladas. Se instalaron ventanas de PVC de ochenta y dos mm, triple junta y doble vidrio asimétrico con butiral acústico. A los ocho años, cero condensaciones en el perfil, calor estable y silencio notable. Un ajuste menor en bisagras tras el primer invierno por asentamiento de la obra, 5 minutos con una Allen. Las juntas prosiguen como nuevas gracias a lubricación anual.

Un piso urbano en la villa de Madrid, testera oeste con sol de tarde, presupuesto ajustado. Se montaron ventanas de PVC blancas con herraje perimetral y vidrio 4/16/4 bajo emisivo. A los 3 años, el confort térmico subió muchísimo, mas aparecieron roces al cerrar en el mes de agosto. La instalación original había dejado holgura justa; un pequeño desajuste y la aplicación de calzos adecuados resolvieron el crujido. Lección: deja dilataciones generosas en huecos muy radiantes.

Cómo seleccionar con criterio sin caer en promesas vacías

Decidir entre carpintería de aluminio y carpintería de PVC requiere mirar más que el material. Pide fichas técnicas con los valores U del conjunto, no solo del perfil. Pregunta por la serie precisa, la ruptura de puente térmico en aluminio, el tipo y grosor del refuerzo en PVC, la marca del herraje y el plan de instalación. Si vives frente al mar, exige tornillería A4 y tratamiento de lacado conveniente. Si buscas silencio, prioriza cierres perimetrales y vidrio acústico ya antes que perfiles extravagantes.

Para obra con huecos grandes, correderas panorámicas y mínima sección vista, el aluminio de alta gama ofrece rigidez y estética, y su mantenimiento prosigue siendo contenido. Para viviendas que priorizan aislamiento térmico con buena relación calidad-precio y colores claros, las ventanas de PVC responden muy bien y piden poco cuidado.

Un comentario sobre estética: el aluminio admite líneas más finas, sobre todo en series con hoja oculta. Si la fachada pide perfiles esbeltos, pesa en la balanza. El PVC ha mejorado en geometrías y foliados que imitan madera con dignidad, mas en minimalismo extremo el aluminio lleva ventaja.

Señales tempranas de que algo no va bien

No aguardes a que el problema sea grande. Estas pistas te avisan de intervención próxima y, si se actúa, se evitan males mayores:

    Manilla dura o que no recorre suave el último tramo: falta de lubricación o desajuste de cerraderos. Si se fuerza, rompen piezas pequeñas que entonces cuestan tiempo. Vaho persistente entre vidrios: fallo del sello del doble vidrio, no del perfil. Toca mudar la unidad de vidrio. Agua que no drena en correderas: suciedad en desagües o tapones mal puestos. Aspirar, adecentar y comprobar canal. Juntas aplastadas o quebradizas: es hora de reemplazarlas. Recobrarás estanquidad y silencio. Roce en un punto de la hoja: ajuste simple de bisagra o posible pandeo por refuerzo deficiente en piezas grandes. Mejor revisar pronto.

Lo bueno y lo mejorable, sin adornos

Si tuviera que resumir lo aprendido en obras y mantenimientos, diría que el aluminio, con ruptura de puente térmico, es una apuesta muy sólida para huecos grandes, zonas de viento y proyectos que buscan estética afinada. Resiste golpes y castigo mecánico, su lacado aguanta bien si se limpia, y su rigidez sostiene geometría con el tiempo. Lo mejorable es su conductividad si se escatima en ruptura, y la sensibilidad de accesorios a la corrosión si https://ventaluncarpinteria.com/ no se detallan calidades marinas en costa.

El PVC ofrece aislamiento térmico alto de base, buena estanqueidad y un mantenimiento bajo, siempre y cuando los refuerzos y herrajes estén a la altura del tamaño de la hoja. Es afable con el bolsillo sin renunciar a posibilidades. Sus límites aparecen en formatos muy grandes, colores oscurísimos a pleno sol y reparaciones estéticas puntuales en foliados.

Ambos materiales pueden perdurar más de veinte años con buen vidrio, instalación cuidada y una rutina de mantenimiento sencilla. La elección acierta cuando se casa el material con el tiempo, el tamaño del hueco, el uso y la expectativa de estética. Lo que no falla es solicitar a quien te instale que se comprometa asimismo con el mantenimiento inicial, que deje por escrito la serie, los herrajes y el plan de ajustes del primer año. Las ventanas no comienzan y terminan el día que las montan, empiezan ahí su ciclo de vida, que con un tanto de atención da menos trabajo del que muchos temen.



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