“Y miró la mujer que el árbol frutal era apetecible para consumir, y que era atractivo a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y agarró de su fruto, y ingirió; y entregó también a su compañero, el cual comió así como ella”. Génesis 3:6.**

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Existe un saber espurio, es el aprendizaje del bien y del error que se incorporó en este sistema por las estratagemas de el adversario. La persecución de este entendimiento la impulsan los deseos pecaminosos y los objetivos profanos. Se buscan sus lecciones, pero muchos no se darán cuenta de que hubiera sido mejor no haberlas aprendido...

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En la práctica educativa al igual que en las demás, el egocentrismo, los objetivos terrenales, son nocivos para el espíritu. En la línea académica se presentan muchas ideas que no provienen de lo divino, del que habita en la perpetuidad, sino que proceden de quienes han convertido del saber humano un culto y adoran la ciencia que separa a el Creador de la enseñanza. Sin embargo, como estos engaños están cubiertos por un ropaje tentador, muchos les dan la bienvenida...

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Es bueno conocer las ciencias. No obstante, la búsqueda de este conocimiento es la ambición de un gran número de quienes son incrédulos y que no tienen idea alguna de cómo han de usar sus hallazgos. El planeta está repleto de hombres y mujeres que no tienen reconocimiento alguna para con el Altísimo por los talentos que les fueron conferidos... Están hambrientos de alcanzar reconocimientos. Y el propósito de sus trayectorias es alcanzar los lugares más altos...

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Hay personas a las que Dios las ha investido de habilidades especiales. Son intelectuales reflexivos, decididos e honestos. Pero, muchos de ellos pretenden alcanzar fines egoístas, sin considerar la gloria y la gloria de Dios. Algunos de ellos han conocido la luz de la Biblia, pero como exaltaron su honra y no pusieron a Dios como lo supremo, lo más alto y lo mejor en cada una de sus actividades, se apartaron de la luz de la Biblia y deambulan por los caminos del escepticismo y la irreverencia.

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Cuando los frenan la aflicción o los castigos divinos, exploran por las sendas ancestrales y la cortina del escepticismo se desvanece de sus pensamientos. Algunos se arrepienten, retornan al primer amor y se encaminan por las veredas diseñadas para que los rescatados por el Señor anduviesen en ellas...

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Una vez que se realiza este cambio asombroso, los deseos mentales son guiados por el aliento divino hacia nuevos caminos, el carácter se santifica y las más auténticas aspiraciones del espíritu se elevan hacia las cosas eternas...

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La misericordia que Cristo imparte hace posible que los varones y las mujeres derroten las tentaciones de el tentador. Esta fuerza los guía a la cruz de Cristo de el Señor y los prepara en trabajadores activos, piadosos y leales, consagrados a la misión de hacer avanzar la luz del reino de Dios.