**El Amor de la Ganancia**

Pablo envía a los hermanos filipenses: "Manteneos, pues, en ustedes este sentir que residió también en Cristo Jesús". "Que no busque cada uno por lo personal, sino cada cual también por lo ajeno". Advierte a sus compañeros hebreos: "Su manera de vivir sea sin codicia, y satisfaceos con lo que habéis recibido, porque Él ha dicho: Nunca te abandonaré ni te desampararé." A los Corintios les escribe: "Que nadie busque lo suyo, sino cada uno la bendición de los otros". Estas advertencias son necesarias; porque naturalmente "todos procuran lo suyo propio y no las cosas que son de Jesucristo" o de sus prójimos.
A fin de todo, a nadie conviene ser individualista, pues Dios marca todos esos hechos, y recompensará a cada uno según sus acciones. "Aquello que el hombre siembre, eso también recogerá". "El que cultiva escasamente, también recibirá escasamente".
Nuestra función en este mundo es vivir para el provecho de los demás. Y son las simples cosas las que demuestran el corazón. Son los actos humildes de entrega diaria, realizados de manera sincera y alegremente, los que Dios aprueba con buenos ojos. Debemos cultivar amor y paciencia, y ser una ayuda para los demás por nuestro olvido de nosotros mismos y nuestra preocupación por su necesidad.